0. El inicio de un nuevo camino

Hace unos años que me diagnosticaron fibromialgia. El primer brote llego de un día para otro. Sin previo aviso me encontré sumida en una pesadilla de la que no era capaz de despertar. En mi caso, no hubo ningún detonante concreto que marcara el inicio de la enfermedad; no tuve ningún accidente, ni disgusto, ni susto, ni episodio traumático que pudiese identificar como desencadenante de la enfermedad. Aunque con el tiempo sí que pude analizar que el estilo de vida que llevaba pudo afectar de alguna manera su aparición y que algunas de las experiencias vitales influyeron en su desarrollo.

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1. Aceptación

«La aceptación de lo que ha sucedido, es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia.»

— William James.

Lo primero que uno debe hacer es aceptar la enfermedad. Parece algo lógico y de sentido común, pero no es tan fácil como parece. Al principio uno se siente perdido. Empieza a buscar información y a preguntar a los médicos, pero lo cierto es que ni los médicos saben su origen.

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2. Sobrellevar el dolor

El dolor. Sabes de lo que estoy hablando. El dolor que se siente con la fibromialgia no se parece a nada que hayas sentido antes. Sufres el cansancio del paso de los días, de la constante sensación de haber estado acarreando sacos de tierra, de haber estado trabajando sin descanso, como si tu cuerpo llegara al límite. Se parece, en cierta forma, a tener agujetas, de esas que te impiden el movimiento natural, como si de repente tu cuerpo pesara doscientos kilos. A veces parece que te hayan apalizado, como si tuvieses moratones por todas partes. Sobre todo se nota más por las mañanas, cuando te levantas de la cama como si tuvieras cien años. Hubo una temporada que no podía ni ponerme los calcetines porque mi cuerpo estaba tan rígido que no me llegaba a los pies. Para las mujeres que lo sufren, el sujetador puede ser un instrumento de tortura, imposible de ponérselo una misma.

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3. La Poda

Te habrás dado cuenta que desde que estas enfermo/a, te sientes más solo/a. Esto no es producto de tu imaginación. Realmente, la gente ha empezado a pasar de ti. No te avisan para salir porque te has pasado meses y meses diciéndoles que no. Tampoco te vienen a ver, en parte porque nadie quiere molestar a un enfermo, y en parte porque en realidad les da palo. Nadie quiere estar con un enfermo. Otros podrán pensar que quizá te lo has inventado todo, que tienes mucho cuento. Otros simplemente te ignorarán porque no saben como reaccionar. En fin… la gente hace lo que puede. En serio, no te enfades, porque te vas a poner peor.

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